Quisiera empezar diciéndoles lo difícil que ha sido para mi llegar a terminar este texto, verme envuelta a revivir nuevamente estas emociones, cicatrices y recuerdos que me ha dejado esta experiencia no ha sido nada fácil, sin embargo, sé que mi historia es una más del montón, y aunque es muy personal, los puntos de vista que surgen con respecto a la prostitución son tantísimos, muchos erroneos, pero puedo asegurarles que sólo una mujer que ha sido escort, prostituta o como quieran llamarlo puede entenderlo.
Esto no era algo que había pasado por mi cabeza antes, sin embargo, se me habían acabado las opciones, las únicas llamadas que recibí al dejar mi número en una pagina de anuncios para conseguir trabajo eran de proposiciones indecentes a cambio de dinero y estaba empezando a entrar en desesperación, por la obvia y complicada situación. Busqué en la web y lo primero que se me apareció fue ese lugar, se veía un sitio de lujo, habían imágenes de mujeres bastante atractivas y todas parecían unas modelos, por un momento dudé, pero pensé que no perdería nada intentándolo, les escribí e inmediatamente me contestaron que me acerque, dude en ir unos días porque estaba realmente asustada, pero insistían con las llamadas, y estas me recordaban que tenía esa opción ante la catastrófica situación y finalmente decidí ir. Recuerdo que era primavera, llovía, llegué y me dijeron si quería empezar ese mismo momento, la encargada de la casa quedó contenta por lo joven que era, tenía 19 años, era bastante delgada y la última vez que me había acostado con alguien fue con mi ex novio hace más de 3 meses, me imaginaba un lugar oscuro y triste y si bien no era físicamente así, a veces, la sensación que sientes al acostarte junto a todas las niñas que esperan incesantemente a alguien que se ofrezca a pagar por sus cuerpos, era algo muy parecido. Si bien cada una es un caso en particular, todas tenemos algo en común: Una situación económica lamentable y ser el sostén de nuestra familia, a veces y esta es una de esas veces, tienes que ser valiente, ponerte la capa y dirigir.
Puedo recordar muchas cosas con respecto a la primera vez que lo hice, recuerdo la mirada de mi primer cliente, llena de lujuria y calculo que tendría unos 45 años, pagó alrededor de 150 dólares por pasar 40 minutos de su tiempo conmigo, él sabía que yo no tenia experiencia y creo que eso lo encendía aún más, a penas entré mis sentidos se transportaron a otro universo, afortunadamente, muy lejos. Terminó antes de lo previsto y me quedé un poco impresionada, no pensé que la sensación que sentiría cuando todo termine fuese tan aliviante. Ahí estaba yo, pase todo el día esperando a que alguien quisiese pagar por mi cuerpo porque mi situación ya no era sostenible.
Nunca olvidaré la cara del dueño del sitio con una expresión de burla y ternura. Salí por la puerta sintiéndome la mujer más sucia y a la vez más aliviada, al menos ya tenía dinero para comer la semana que me esperaba.

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